10oct12 Reforma, 8 col., Van tras ‘El Lazca’ después de muerto


Van tras ‘El Lazca’ después de muerto

Reforma, 8 col., Abel Barajas

Ciudad de México  (10 octubre 2012).- La Secretaría de Marina busca el cadáver de Heriberto Lazcano Lazcano “El Lazca”, el número 1 de la organización criminal de Los Zetas, abatido el domingo en el Municipio de Progreso, Coahuila.

Aunque las autoridades confirmaron la muerte del capo, fuentes federales dijeron ayer que la Armada lleva a cabo acciones de búsqueda en la zona noreste de Coahuila, así como en el Estado de Hidalgo –de donde era originario Lazcano–, para localizar el cuerpo y no dejar un resquicio de duda.

Los informantes indicaron que es muy probable que el cadáver pudiera estar en un sitio muy cercano al Municipio de Sabinas, de donde la madrugada del lunes un comando se lo llevó de una funeraria, junto con el cuerpo de Adalberto Rodríguez, su cómplice con el que cayó abatido.

También indagan en Hidalgo, pues Lazcano nació en el Municipio de Apan, vivió en Pachuca y aún tenía a parte de su familia en esa entidad, en la cual recientemente construyó una iglesia.

La muerte de “El Lazca” fue imprevista, pues la Secretaría de Marina nunca sospechó que se tratara del líder de Los Zetas y tuvo la primera noticia hasta el lunes por la noche, un día después del abatimiento, cuando se lo informó la Procuraduría de Coahuila.

Lazcano de hecho murió en un operativo que llevaron a cabo seis infantes de fuerzas regulares de la Primera Zona Naval, a bordo de una camioneta, quienes realizan labores de patrullaje en la región. Sus verdugos no fueron tropas de élite y mucho menos numerosas.

“Si hubiéramos sabido que era el jefe de ‘Los Zetas’, se hubiesen mandado a mucho más elementos y de Fuerzas Especiales”, dijo una fuente del Gobierno federal.

Funcionarios federales dijeron que desde el 2010 Lazcano ya sólo se movía entre el noreste de Coahuila y Nuevo Laredo, Tamaulipas. Para andar entre la gente, prescindía de su escolta y manejaba un perfil bajo.

La Armada recibió una denuncia anónima que únicamente reportaba que había sujetos con armas en un juego de beisbol en Progreso, Coahuila. No tuvo referencia de que se tratara de un alto líder criminal. Por eso enviaron sólo a una camioneta hasta el sitio.

Los infantes llegaron a las 13:30 horas hasta el parque y fue cuando Lazcano y otro sujeto, de nombre Adalberto Rodríguez Rodríguez, presunto jefe de plaza en Progreso, se subieron de inmediato a una camioneta y arrancaron. Rodríguez iba al volante y “El Lazca” de copiloto.

De acuerdo con las fuentes, en medio de la persecución, el ex militar logró bajarse del vehículo, con un rifle de asalto AR-15, que traía acondicionado con un dispositivo lanzagranadas. Logró disparar una granada que hirió con una esquirla a uno de los marinos.

Su ataque no alcanzó para disuadir a sus persecutores ni lograr huir, pues fue muerto al tercer impacto de bala. Uno fue en la cintura, otro en el abdomen y el mortal le entró por la nuca.

Lazcano no llevaba ninguna identificación, al parecer cargaba con un teléfono celular que estaba apagado. Su presunto cómplice llevaba una credencial que lo identificó como Adalberto Rodríguez.

A las 14:00 horas terminó la refriega y los marinos solicitaron el apoyo de la Procuraduría de Justicia del estado, cuyos agentes ministeriales y peritos arribaron al lugar de los hechos hasta las 20:00 horas del domingo. Es decir, el personal naval estuvo en espera seis horas con los cadáveres.

La no intervención de la SIEDO en las diligencias iniciales era por el desconocimiento de que se trataba del número uno de “Los Zetas”.

Luego de que la Marina entregara los cuerpos, éstos fueron trasladados hasta las instalaciones de la Funeraria García, en Sabinas. La Armada se retiró, sin saber quién era el sujeto sin identificaciones, aunque ya se habían levantado sus huellas dactilares y fotografías.

Denuncia tardía

De la Funeraria García un grupo de sicarios se los robaron 5 horas después de que fueran puestos en manos del Ministerio Público local.

El asalto en los servicios funerarios ocurrió alrededor de la 1:00 de la mañana del lunes, pero fue denunciado a las autoridades hasta las 8:00 horas.

Una fuente federal dijo que a partir de la denuncia, comenzaron a ser contrastados los registros dactilares levantados con los existentes en la Plataforma México, donde estaban sus huellas desde 1998, cuando fue encarcelado en Matamoros por transportar un cargamento de mariguana.

“Alrededor de las 19:00 horas, la Procuraduría Estatal informó a la Armada que todo parecía ser que era Lazcano, pero dijeron que había un problema, que no tenían el cuerpo”, dijo una fuente del Gobierno federal.

En la Marina se dijeron sorprendidos, porque pensaban que sus pesquisas llevarían primero a Miguel Treviño Morales “El Z-40” y su hermano Omar “El Z-42”, quienes según la inteligencia naval están escondidos en la misma zona donde cayó Lazcano.

“Estamos ya muy cerca de ‘El 40’, nosotros pensábamos que primero caería Treviño, antes que Lazcano, pero resultó al revés”, dijo un funcionario.

Mientras que en un comunicado, precisa que el capo nació en 1975 y su estatura es de 1.60 metros. Sin embargo, estos datos difieren con la ficha de la página electrónica de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) que señala que nació en 1974 y mide 1.76.

Al respecto, anoche, fuentes de la Armada indicaron que los datos que difundieron son los que proporcionó directamente la Procuraduría de Coahuila, que fue la responsable de hacer el levantamiento del cadáver y cruzar los datos que permitieron identificarlo.

El Gobierno de EU reaccionó ayer con cautela ante la noticia de la muerte de “El Lazca”. Los voceros de la Casa Blanca y el Departamento de Estado señalaron que esperarán más información de las autoridades mexicanas.

Suspenden juego… por balacera

Heriberto Lazcano Lazcano, “El Lazca”, fue abatido por efectivos de la Marina cuando, como cualquier otro aficionado de este poblado, presenciaba un juego de beisbol.

Eran las 13:00 horas del domingo cuando el equipo local jugaba contra el representativo del municipio de Juárez y, a bordo de una Ford Ranger blanca, doble cabina, acompañado del escolta, Mario Alberto Rodríguez, hizo acto de presencia el jefe de los Zetas.

Nadie reparó en los dos desconocidos.

“El Lazca” y su escolta cometieron un error: se retiraron del lugar y, minutos después, regresaron al graderío. Quizá fueron a traer cervezas.

“Ellos llegaron en una camioneta”, dijo un testigo que estuvo en el parque. “Estuvieron viendo el juego de beisbol un rato y luego se retiraron. Como que estaban comiendo, tomando”.

Pasaron unos 20 minutos cuando el vehículo de los delincuentes regresó al lugar y los dos ocupantes bajaron para seguir viendo el partido desde las gradas.

“Las armas estaban atrás de la camioneta, en la cabina. Desde afuera se podían ver, pero la gente le daba más importancia al partido de beisbol”, señaló el entrevistado, vecino de esta población de 3 mil 500 habitantes, ubicada a 280 kilómetros al norte de Saltillo.

Alertados por una denuncia anónima sobre hombres armados, de pronto efectivos navales llegaron al parque.

La gesta deportiva se desarrollaba con tranquilidad, cuando se escuchó un granadazo.

“Luego la gente vio que llegaron los marinos y comenzaron los ‘tracalazos'”, relató un testigo.

Los balazos acabaron con el juego, mientras el pánico se apoderó de aficionados y peloteros.

Unos corrían, otros se tiraban pecho a tierra y no faltó quien corrió al monte en busca de refugio.

“El Lazca” y su escolta emprendieron la huida, alcanzaron a abordar su vehículo, tomar sus armas y, en medio de la lluvia de balas de los elementos de la Marina, intentar repeler el ataque, narró un habitante de esta comunidad de 3 mil 500 pobladores.

Luego de 20 minutos de refriega en la que los balazos se escucharon hasta la plaza principal, distante 800 metros, el capo, como su escolta quedaron muertos al lado de la camioneta.

Fue hasta las 21:00 horas de ese domingo que los dos cuerpos fueron trasladados a una funeraria de Sabinas, Coahuila, por órdenes de un agente del Ministerio Público, de donde –unas cuatro horas después– fueron robados por un comando armado.

Hasta la mañana del martes, los pobladores se enteraron que los dos aficionados que nadie conocía eran el capo de Los Zetas y su escolta.

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