19abr13 Reforma, 8 col., Quita sueño la pobreza


Quita sueño la pobreza

Reforma, 8 col., Itxaro Arteta

Ciudad de México  (19 abril 2013).- La pobreza le quita el sueño a cualquiera y máxime si se trata de personas de la tercera edad.

Los aspirantes a recibir el apoyo de 525 pesos al mes que otorga el programa Pensión para Adultos Mayores (65 y Más) de la Secretaría de Desarrollo Social deben realizar largas filas, incluso desde la madrugada, y esperar hasta más de 12 horas para ser atendidos en el trámite de inscripción.

El programa 65 y Más fue anunciado como una de las 13 acciones de Gobierno con las que se estrenó el Presidente Enrique Peña Nieto, el 1 de diciembre de 2012, cuando tomó posesión.

La Sedesol, que encabeza Rosario Robles, inició apenas el pasado 11 de marzo el proceso de registro del programa, que sustituye a 70 y Más, y su página de internet informa de 51 ventanillas de atención en todo el País.

La demanda rebasa con mucho la capacidad de atención.

En las propias oficinas centrales de la dependencia, en la colonia Juárez, donde se instaló una de las ventanillas, los adultos mayores deben esperar por horas en plena calle para ser recibidos y realizar el lento trámite de inscripción.

Algunos llegan desde la noche anterior para formarse la foto. Para la madrugada, cuando inicia el reparto de fichas, ya hay alrededor de 200 personas en la fila. La oficina abre de 9:00 a 18:00 horas y atiende a un promedio de 15 solicitantes por hora.

Son las 22:30 horas y Rosa Elena es la primera en la fila para obtener una ficha de inscripción al programa de pensión para adultos mayores “65 y Más”.

Ella aparta el lugar para que su mamá -que se quedó en el coche- pueda ser de los primeros en realizar el trámite en la oficina principal de la Secretaría de Desarrollo Social, ubicada en la colonia Juárez.

El segundo en la fila es Sergio Nava, de 65 años, acompañado por su esposa Petrona, que todavía no alcanza la edad. En una bolsa de tela morada trajeron sándwiches, unas galletas, un termo de café que han compartido con su vecina y varias cobijas, aunque la noche primaveral estuvo a 15 grados.

Cuenta que trabajaba en el sector aéreo y, como no era sindicalizado, al ser despedido perdió cualquier posibilidad de pensión. Hoy en día se mantiene dando clases de inglés, con un ingreso aproximado de 700 pesos mensuales. Por eso está dispuesto a pasar la noche para obtener una de las aproximadamente 250 fichas y registrarse al programa.

“Pues aunque sea (que me sirva) para pagar el predial ahorita, porque no lo he pagado. De 320 pesos que pagué el año pasado me lo subieron a 2 mil 500”, se lamenta.

“La necesidad… Si no hubiera necesidad no vendría a pasar aquí toda la noche entera”.

Sedesol ha tratado de evitar que las personas se queden. Guadalupe Zamora, jefa de oficina, y Francisco Martínez, que se presentó como coordinador del programa, salen a dar fichas a ocho personas que habían llegado entre las 20:00 y las 22:00 horas. Pero fue llegando más gente.

A las 23:59 horas se contaron a 20; a la 4:00 horas, 80. Para las 6:30 horas ya son 180 personas.

Pero llegar de madrugada no implica una atención pronta y un trato digno por parte del personal de Sedesol. Hay quienes son atendidos hasta el mediodía.

Desvelados y mal desayunados, las personas de la tercera edad esperan de pie o sentados en la banqueta.

Algunos traen sus propios banquitos y al menos 100 han recurrido a una mujer que encontró la oportunidad de hacer negocio y les renta bancos de plástico por 6 pesos.

Con la ficha 116, Gerardo Montero cuenta que aunque vive en la Delegación Venustiano Carranza acudió a la oficina central porque allá le dijeron que ya no había registros; misma situación tiene Juan Manuel López, quien acudió a la de la Gustavo A. Madero, de ahí lo mandaron a la de Carranza, y luego a la ésta.

Sedesol reporta en su página de internet 50 ventanillas abiertas en 20 estados, pero unas no atienden y otras que sí, no aparecen en la lista, como la de Benito Juárez, pese a lo cual, se vive una saturación similar.

Irma está a siete lugares de la puerta, que en ese momento se abre, pero ante la avalancha de dudas, la señorita sólo llama a entrar a cinco más y vuelve a cerrar tras de sí. Una mujer que se quedó con la pregunta en la boca se la plantea a Irma, ahora sólo a dos lugares.

“Mire, le podemos decir que ya no hay fichas. Estaba una señorita diciendo que hasta el 29 de abril, pero si no, que puede venir a las 5 de la mañana, para que tenga la fortuna de todavía estar aquí sentada esperando a que le abran la puerta”, dice en tono irónico, pues lleva desde las 7:00 horas y ya es mediodía.

Después de otros intentos en los que ni siquiera pasó de la puerta exterior porque ya se habían repartido las 100 fichas que dan ahí, María llegó a las 8:00, y 20 lugares más allá espera que por fin le toque asiento.

“Ya no aguanto las piernas. Y me tengo que ir a ayudarle a mi hija, a cuidarle a los chiquitos cuando se vaya por los otros hijos a la escuela hasta bien lejos”, dice.

“Estamos como garzas, levantamos una patita y luego la otra”, bromea una de las mujeres a su alrededor.

“Ellas (las que hacen el registro) primero llegaron, se sentaron, se maquillaron. Llegan a las 9 pero abrieron hasta las 10. ¿Por qué no ponen más gente a atender, por qué se tardan tanto?”.

“Además de groseros, nos gritan, que hágase para allá, que no se ponga aquí. Ni salen a dar información. Pero ya nos dijeron: no se preocupen, van a salir como a las 6”, platican.

La puerta vuelve a abrirse. Con un nuevo grupo de 5; han sido 15 los que han pasado en una hora. Dan las 13:00 y María por fin puede ocupar una silla.

 

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