03jul13 Reforma, 8 col., Dan un respiro a Michoacán


Dan un respiro a Michoacán

Reforma, 8 col., Roberto Zamarripa

Tepalcatepec,  México (3 julio 2013).- A cuarenta días del ingreso del Ejército a la región michoacana de Tierra Caliente, se vive una tensa calma. Bajó la violencia pero no la crispación.

Los pobladores ya restan. La leche cuesta un peso menos; las tortillas bajaron dos pesos; ya no pagan cuatro pesos extra por el kilo de una vaca. El limón, verdadero oro verde de la zona, cuesta más barato. Pasan de ida y vuelta en el tramo que une Apatzingán con Tepalcatepec tocando Buenavista, camiones y camionetas repletos de huacales con limones para venderlos en las empacadoras que están abiertas y trabajan con relativa normalidad.

Hay gasolina, hay víveres; los pobladores van a misa y se reactiva la vida por las noches.

Eso cuentan.

La intermitente vigilancia de soldados trepados en hummers equipadas con ametralladoras, y las cintas de cartuchos que se balancean con el meneo de los vehículos, y de camionetas con policías federales, transmite tranquilidad. Tepalcatepec y Buenavista Tomatlán, vértice junto con Coalcomán de la Tierra Caliente michoacana que colinda con Jalisco y apunta a Colima, viven en tensa calma. No tienen gobierno municipal estable ni policías regulares, pero sí una ostensible presencia militar. Pero esto pende de un hilo. La tensión y el miedo se respiran.

Las policías comunitarias gobiernan, deciden. Los militares patrullan. Inhiben y toleran. La zona llevaba -como otras de Michoacán – varios años bajo el dominio de un cártel, el de Los Caballeros Templarios, igualmente con una inestabilidad en su gobierno local, y la dictadura de la extorsión, el secuestro, la amenaza. La situación hizo crisis en febrero, cuando surgieron las Policías Comunitarias grupos civiles armados de autodefensa que combaten a los Templarios– y tuvo clímax en abril cuando se agudizaron las acciones de extorsión. Los Templarios cerraron carreteras y estrangularon la provisión de víveres. Quemaron empacadoras y ahorcaron la distribución de la producción de mango y limón.

El 20 de mayo, el Gobierno federal anunció un operativo de disuasión en la zona. Centenas de efectivos militares se distribuyeron en seis municipios de la Tierra Caliente. Los soldados son rotados cada 45 días. Ahora están batallones venidos de Puebla y del Campo Militar Número 1. Pronto serán relevados.

El propósito, conforme fuentes militares, era “garantizar la seguridad de los ciudadanos para que transitaran con confianza y seguridad, sin el temor de ser violentados por algún grupo de delincuentes”.

A la vez, “coadyuvar a reactivar la economía” buscando que los comercios reabrieran puertas de manera habitual y “ayudando” a que cesaran las extorsiones para que los productores pudieran abastecer de productos básicos.

Ante el corte de flujo de productos agrícolas el operativo militar federal tuvo como objetivo “facilitar la cosecha y el traslado de productos agrícolas”.

El Ejército estableció 80 bases de operaciones a lo largo de los seis municipios, colocó puestos de vigilancia en carreteras, intensificó el registro de vehículos en los caminos y desarrolló patrullajes en diferentes horarios.

Un recorrido de REFORMA con funcionarios federales y autoridades militares por Tepalcatepec y Buenavista Tomatlán permitió observar el desplazamiento castrense en distintos puntos de la zona.

En un mes, el recorrido de patrullajes suma unos 26 mil kilómetros, estiman fuentes militares con un consumo de 120 mil litros de combustible en los desplazamientos callejeros de vigilancia.

Conforme esa estimación serían cuatro mil litros diarios gastados equivalente a 48 mil pesos invertidos en estas acciones disuasivas.

En cuarenta días el Ejército no ha tenido choques armados. No ha tirado una sola bala. Eso sí, ha enfrentado resistencia de pobladores, en Coalcomán y en Buenavista Tomatlán. El 22 de mayo, tras la detención de cuatro policías comunitarios, pobladores de Buenavista obligaron a militares a replegarse y devolverle a los detenidos junto con sus armas.

Un mes después, el 22 de junio, un grupo de militares fue retenido por pobladores de Coalcomán ante el rumor de que los jefes de la Policía Comunitaria, Felipe Díaz y Misael González habían sido detenidos. Bastaron algunos cohetones al aire para reunir a centenas de pobladores que acudieron a la pista de aterrizaje de la comunidad, obligaron al descenso del piloto de un helicóptero castrense y retuvieron a otros efectivos.

El reporte de la Sedena sobre el incidente fue distinto. “A las 13:30 horas del 22 de junio, personal militar desplegado en el municipio de Coalcomán, realizó el aseguramiento de cuatro armas cortas y cartuchos, las cuales fueron puestas a disposición del Ministerio Público federal por ser de uso exclusivo de las fuerzas armadas”.

Añade el reporte oficial: “Al escuchar el rumor de que algunos miembros de los denominados grupos de autodefensa habían sido detenidos, aproximadamente a las 15:10 horas (pobladores) bloquearon los accesos a la cabecera municipal, concentrándose además dos mil personas aproximadamente, incluyendo mujeres y niños, en el aeródromo de Coalcomán, donde se encuentra destacamentado el personal militar”.

Conforme esta versión, los pobladores rodearon los dos helicópteros que ahí se encuentran estacionados al suponer que en esas aeronaves se trasladaría a los presuntos detenidos.

Tras empujones y agresiones, “inclusive llegando a la violencia física por parte de los pobladores”, sobre las 16:50 horas los militares devolvieron las armas decomisadas. Eso bastó para que desbloquearan carreteras y dejaran de hostigar a los militares.

Del descrédito al beneficio de la duda

El recorrido por Tepalcatepec y La Ruana, principal comunidad de Buenavista, en vehículos militares, ocho que van en caravana, más otras camionetas de la Policía federal, asombra a pobladores sobre el caluroso mediodía.

El subsecretario de Gobernación, Eduardo Sánchez, quien encabeza una comitiva con oficiales militares, de la Armada y de la Policía Federal, recibe comentarios de pobladores. Le piden que no retiren al Ejército; otros reclaman que internen a las tropas en la sierra. “allá están los Templarios”, reclaman. Una tras otra suceden las quejas: que ya no aguantaban la extorsión, que las camionetas con grupos armados paseaban tranquilamente por el pueblo, que se robaban a las muchachas, que secuestraban, que robaban, que Los Templarios controlaban hasta la báscula donde pesaban al ganado y certificaban los kilos correctos para extorsionar, que le quitaban dinero a los limoneros, que aterraban al pueblo, que tenían controlados a los alcaldes.

Fernando Ramírez, un oficial retirado de la Marina y responsable de la Policía Federal en la región, llegó justo en febrero a Buenavista Tomatlán. Le tocó la aparición de las Policías comunitarias. El 24 de febrero estaba patrullando por La Ruana.

“Nos dimos cuenta que había una aglomeración de gente en el jardín (centro). Vimos mucha gente armada y la población en el parque. Nos dijeron que se levantaban en contra de Los Caballeros Templarios porque los tenían hostigados con amenazas, extorsiones, violaciones, y estaban cansados de esa situación”, rememora.

Los pobladores pidieron nuestra ayuda, dice el oficial Ramírez. “Para eso estamos aquí”, les dijo y entonces fue que le pidieron hablar en el mitin ante los pobladores insurrectos, armados con tremendos fusiles que, seguramente, ni la Policía Federal tiene.

“Decidí hablar con la población y exponer el motivo por el que estábamos en la región. Estábamos cumpliendo órdenes. Subí al estrado y les dije que nuestros mismos mandos nos piden que nos descubramos las caras, que nos identifiquemos plenamente y eso es lo que hemos estado tratando de hacer. Los mandos nos piden más cercanía, más profesionalismo”, explica.

Acepta que la Policía federal tenía mala imagen. “Aquí ni podía entrar”, asume. Ahora patrullan junto al Ejército. Dice que el propósito “es que el cártel de Los Templarios no entre a esta región y que no haya más violencia; que la población no sufra como anteriormente ocurría”.

Y asegura que la violencia ha disminuido. “Lo que falta son entes jurídicos que vean las faltas administrativas y los delitos leves, como policías municipales y ministerios públicos. Porque no sustituimos a la Policía Municipal”.

El oficial arguye que la comunidad les pide quedarse. “Nos aplauden cuando llegamos”, dice ufano.

– No le creo

– Pregunte. Ahí está la población, pregúntele qué hablan de la Policía. Cuando uno está sojuzgado como ellos, que les violaban a las mujeres y que venían y apartaban a sus hijas y les decían ‘me bañas a tu niña porque me la llevo en unos días’ y llegamos nosotros a protegerlos y a servirles, ese agradecimiento es un sentimiento humano. Por eso nos aplauden.

Alrededor de la zona, la violencia persiste. Ayer, en un municipio donde no vigila el Ejército, en Los Reyes de Salgado, un comando baleó con ráfagas la fachada de un hotel donde se hospedan efectivos de la Policía Federal. No se reportaron heridos ni detenidos por el incidente.

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